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Verónica Gago quiere cambiarlo todo

Una economía feminista, centrada en los cuidados, que entienda la deuda como un problema colectivo y que ponga en primer lugar la reproducción social, separándola de los mandatos de género. Es esa la apuesta y la lucha de la activista, militante y cientista social argentina Verónica Gago, quien mira a Chile pensando en cómo seguir avanzando en lo construido y cómo sostener los procesos políticos de huelga desde el Cono Sur.


por Catáloga Colectiva

Desde pequeña, Verónica Gago (47) tuvo una gran pasión por los libros. Fue justamente aquello lo que la acercó a las ciencias políticas, carrera que ejerce como docente de Economía Internacional y de Culturas Latinoamericanas en la Universidad de Buenos Aires. Verónica también milita en NiUnaMenos y en el Colectivo Situaciones, un espacio de académicos militantes de izquierda. Escribe sobre estos temas en diversos medios de comunicación y ha publicado, entre otros, los libros "Controversia. Una lengua del exilio "(2012), "La razón neoliberal. Economías barrocas y pragmática popular" (2014), y "Una lectura feminista de la deuda" (2020), escrito junto a Luci Cavallero.


En tiempos donde la mayoría de los países viven en crisis económica luego de la pandemia del COVID, se hace cada vez más urgente pensar en alternativas que nos permitan entender cómo funciona la deuda y su efecto particular en las mujeres. Si desde hace un tiempo se habla de cómo el trabajo doméstico no pagado sostiene el sistema económico, para Verónica es urgente pensar el dinero y todo lo que implica desde el feminismo y las economías populares.



|¿Qué significa para ti pensar la economía desde los feminismos?


Abrir un campo que es exclusivo de especialistas varones, blancos y universitarios, desarmar ese espacio de privilegios e indisciplinar esta disciplina de saberes, ponerle otros contenidos y lenguajes y, sobre todo, disputarle su vocabulario abstracto. Los feminismos se rebelan contra la manera de presentarse que tiene la economía, que te pone en una posición de humillación, es decir, no sabes, no vas a entender, esto no te corresponde. Hay enormes tradiciones, líneas teóricas y experiencias políticas que nutren a la economía feminista, archivos, discusiones sobre cómo repensar el trabajo, la riqueza, el territorio y los cuerpos, que es otro de los grandes temas excluidos de está área de estudios.



|Podemos identificar dos ejes de la economía feminista, uno enfocado en cómo nuestro trabajo no reconocido sostiene el capital y otro más proyectivo, sobre cómo una economía feminista puede solucionar esta situación. ¿Cómo dialogan estas dos perspectivas?


Existe una dimensión crítica a las maneras en que el capitalismo subordina, desvaloriza y sobreexplota los trabajos no reconocidos que se sostienen sobre ciertos cuerpos y cómo el núcleo de esa explotación y desigualdad está en el trabajo de reproducción.


Lo que hace la economía feminista es alumbrar eso que siempre aparece como el sótano de la producción, que es la reproducción, ponerla en primer lugar y repensar desde ahí su vínculo con la producción es un gesto de crítica fundamental de la economía feminista.


Ahora esa crítica, ¿qué otro tipo de economía logra proponer? ¿Cómo se proyecta una alternativa? Creo que hay que poner el eje en qué significa apropiarnos de otras condiciones para la reproducción social. Qué significa otra economía, donde la reproducción social no está unida a mandatos de género, donde no somos siempre las mismas las que tenemos que cuidar y responsabilizarnos de la familia cis heterosexual. Qué significa valorizar otros trabajos y exigir por esos trabajos reconocimientos no sólo simbólicos sino también salariales y de derechos y cómo eso hace repensar las dinámicas destructivas con las que se nos viene vendiendo el desarrollo, que a vista de todes es cada vez más excluyente y depredador.



|Has afirmado que la deuda organiza nuestra obediencia a futuro, ¿qué significa esto y cómo afecta particularmente a las mujeres?


En muchos de nuestros países las mayores titulares de deudas del hogar son mujeres, lo cual es inversamente proporcional si estudiamos la titularidad de bienes de propiedad, ya que la mayoría de los propietarios son varones. La pregunta es por qué.


Podemos ver un engranaje de la responsabilidad de sacar adelante los hogares, y a la vez, cómo esta va atada a un mandato de precariedad, porque son las mujeres las que se inventan todo tipo de trabajos para pagar la deuda. Existe una obligación financiera a futuro que nos empuja a trabajos cada vez más precarios, a sumar jornadas y jornadas porque los ingresos no alcanzan y además se completan con deuda, lo que incrementa esta exigencia de trabajos que son peor pagados, lo que empobrece especialmente a las mujeres. De ahí que hablemos de feminización de la pobreza.



|La economía de la deuda es muy culpabilizadora. A veces las mujeres hablamos de una «autoexplotación», como si fuese un mero acto de masoquismo.


Eso es bueno discutirlo, no podemos sumarnos esta carga de culpa a nosotras mismas. Hay que ir desarmando todo ese tejido de culpabilización y vergüenza reforzada por los mandatos de género.


En ese sentido, hay una cuestión de la deuda que es trabajada por muchos autores, muy importante para el feminismo, que es «la deuda te individualiza», toda la culpa y la responsabilidad es tuya y de nadie más. Lo que viene a hacer la economía feminista es decir: este es un problema colectivo, rompiendo ese binarismo propio de la economía neoliberal.


Otro de los desafíos de la economía feminista es pensar qué estrategias nos damos en estos contextos de tanta precariedad y empobrecimiento, donde muchas veces la deuda es la opción para resolver la urgencia, para encarar una migración o para salir de un lugar violento.



|¿Conoces experiencias fructíferas que permitan pensar de otra forma la economía, mirando otros modelos?


Estamos en una batalla en la que el capital avanza sobre nuestro tiempo. Hoy es muy difícil tener un resto de tiempo para ir a una reunión o ir a una asamblea, justo cuando existe esta exigencia de trabajo más trabajo más virtual, más tareas. La superexposición hace que el rato en que estamos liberadas estemos además agotadas. Aun así, hay gente haciendo un enorme esfuerzo en tratar de vincularse y organizar el trabajo en formas cooperativas.


En Argentina hay muchas experiencias vinculadas a la economía popular, con dinámicas de autogestión del trabajo que están siempre en un contexto difícil de negociación con subsidios del Estado, porque no son capaces de autogestionarse a un punto de no depender de cierta transferencia estatal. También hay muchas iniciativas que tienen que ver con producir ingresos de manera colectiva, es decir, de a poco ir organizándonos en emprendimientos que, aunque por ahora no pueden reemplazar completamente trabajos asalariados más o menos precarios, sí empiezan a ser formas de reorganizar nuestro tiempo, trabajo y la forma de obtener ingresos.



|La izquierda tradicional tiene el slogan “trabajadores del mundo, uníos”, para hablar de una dinámica internacional y contrasta mucho con la política de las identidades que plantean los feminismos. Ya no es obvio que todas las mujeres del mundo seamos iguales, que debamos unirnos o que tengamos los mismos problemas. ¿Tienes alguna postura al respecto?


El movimiento feminista hace un desplazamiento de la tradición de izquierda, de estar esperando ese sujeto homogéneo que es la clase trabajadora con una identidad fuerte y común. Los feminismos sostienen que podemos tener fuerza sin componer un sujeto homogéneo. Yo uso el término de transversalidad política, que se refiere a componerse más por luchas que solo por identidades. Me parece que nos podemos organizar encarando de manera colectiva ciertos conflictos que son protagonizados en distintos momentos por distintas colectivas, ya que las demandas son muy transversales: la lucha por el aborto, por la tierra, por el cupo laboral travesti—trans, la reforma judicial feminista.


Hay que hacer un trabajo para que estas luchas sean apropiadas por todo el movimiento, sabiendo que no será con la misma intensidad por todes, pero me parece que la clave es qué tipo de espacios para el trabajo político tenemos para que esas demandas concretas y específicas, que nos permiten ampliar el horizonte de lo que queremos, sean trabajadas con tal de juntarnos a elaborar hacia dónde vamos y poder cambiarlo todo.



|¿Cómo ven desde Argentina el desarrollo del movimiento feminista en Chile?


Creo que se ha hecho más conocido a partir de mayo feminista del 2018 y la manera en que ese proceso se conectó con el levantamiento social ha sido muy impactante. En Chile tienen los desafíos que compartimos en varios lugares: cómo seguir abriendo caminos cuando cada vez son más fuertes las reacciones de la derecha hacia los feminismos, cómo sostener internacionalmente ese proceso político de la huelga, cómo seguimos acumulando fuerzas para que sigamos avanzando en lo construido, tanto en Chile como en Argentina.



|¿Y cómo se han estado organizando los movimientos sociales en Argentina?


Estamos en una situación implosiva de la violencia más que de estallido. Hay una intensificación de las violencias hacia dentro de los hogares y en los territorios más que esa expresión hacia afuera como levantamiento social, como ha habido en otros momentos, el 2001 por ejemplo. Estamos en un ritmo vertiginoso de crisis social, económica y política, donde no es tan evidente descartaran estallido porque la situación es cada vez más crítica, aunque por ahora está contenida por la extensión enorme en Argentina de las organizaciones sociales y también por un sistema de subsidios, finanzas populares y de endeudamiento colectivo que amortiguan la crisis definitiva. Son parches cotidianos que van poniendo una valla de contención.



|¿Qué libros recomendarías para pensar feminismos y economía?


Me gusta mucho el libro de Silvia Federici El patriarcado del salario, un conjunto de artículos muy interesantes que conectan con ese libro suyo tan importante que es Calibán y la bruja. Me parece que nos da un montón de puntos a discutir, sobre todo haciendo el contraste con las realidades latinoamericanas, porque creo que muchos de ellos no se aplican de igual forma sobre nuestros territorios, pero ese ejercicio es bien interesante y nos conecta con muchos debates de los años setenta que quedaron un poco interrumpidos y que hoy los retomamos desde otros lugares, desde una vitalidad influenciada por el movimiento feminista que nos entrega muchas herramientas



|¿Qué estás leyendo en este momento?


Estoy leyendo una editorial chilena, porque presenté el libro de Eleanor Marx de Banda Propia, que me encantó la verdad. Tengo otro que se llama Resistir al neoliberalismo: comunidades y autonomías de Pilar Calveiro, y también El oxímoron de las clases medias negras. Movilidad social e interseccionalidad en Colombia que está muy bueno.

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