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María Isabel Matamala: “Una salud feminista tiene que devolver a los cuerpos su poder"

La pediatra chilena ha dedicado su vida a luchar por los derechos de las mujeres desde su profesión. Aunque es más reconocida por ser la encargada del área de género del Ministerio de Salud de Michelle Bachelet, tiene un pasado y presente en el activismo feminista que recuerda y actualiza en esta entrevista.


Por Catáloga Colectiva


En 1975, María Isabel Matamala militaba en el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), razón por la que fue detenida en plena dictadura y llevada a Villa Grimaldi. Luego, en su vida en el exilio en diversos países fue que junto a otras mujeres se reunió en torno a temas de salud y feminismo. Ya en democracia, fue parte del primer Gobierno de Michelle Bachelet, desde donde luchó por integrar políticas feministas dentro de la salud chilena y aunque siente que fracasó, también cree que aportó su granito de arena a la conversación. En esta conversación recoge sus conocimientos sobre salud y los pone en acción en un Chile que lucha por volver a hacer el aborto legal.



¿Cuál es tu lectura del movimiento feminista actual en Chile?


Pienso que por primera vez en la historia los feminismos representan las diversas identidades desde la interseccionalidad total, lo que es un salto gigante. Dejamos de ser solo las feministas blancas, hétero, incluso lésbicas. Con la incorporación de las disidencias, los pueblos originarios, migrantes y las personas en condición de discapacidad, creo que tenemos un amplio abanico de feminismos.


También, las feministas académicas han salido de su torre de marfil y se han transformado en activistas. No digo todas, pero una cantidad significativa.

Otra interacción interesante es que se han podido juntar muchas generaciones de feministas y eso también ha enriquecido y permitido ampliar los espacios donde el feminismo tiene presencia e incidencia. Además, con este “gobierno feminista” pienso que tenemos todas las posibilidades para iniciar un nuevo camino que quizás no lo imaginábamos tan pronto y lo estamos viviendo con mucha esperanza a pesar de las dificultades y obstrucciones de los sectores conservadores. Creo que tenemos un amplio camino por recorrer.



¿Cómo crees que sería una “salud feminista”?


Primero, una salud feminista tiene que devolver a los cuerpos su poder, que los respete y no que tenga como misión ser un dispositivo de control. Como decía la filósofa argentina María Lugones, cuando miras los cuerpos con lentes científico-médicos, los miras siempre desde un orden social. Si las feministas acabamos con ese orden vamos a generar un contexto donde esos cuerpos se expresen como libres de tomar sus decisiones. Hoy incluso se ha transformado en un control delegado en los propios cuerpos, cuando te hablan del autocuidado, del “tú puedes”, es desde un extractivismo total de tu cuerpo, donde te controlas tu éxito o fracaso.


En este gobierno feminista tenemos que lograr que quienes trabajan en instituciones asuman el conjunto de conceptos y prácticas para hacer efectiva esta nueva forma de entender la salud. Trabajé en género y salud durante el primer Gobierno de Bachelet y fue desilusionante desde el conjunto, pero satisfactorio desde lo que pudimos hacer en género y visualizar lo que es posible hacer dentro del sistema y creo que ahora será más fácil. El poder que va a tener la sociedad para tener estos cambios va a ser muchísimo mayor e impensado en todo el periodo post dictadura. Estoy demasiado optimista.



Muchas instituciones fuera de la legalidad han tomado el aborto en casa para poder luchar contra esta medicina que restringe a los cuerpos ¿cuál es tu opinión sobre las organizaciones de abortos “clandestinos”?


Que exista el aborto con pastillas ya es un paso adelante. Cuando estaba exiliada en Boston a fines de los años setenta había una agrupación llamada Nuestros cuerpos, nuestras vidas, donde las exiliadas chilenas nos preparábamos para volver a Chile sabiendo cómo efectuar abortos. En ese momento solo existía el aborto por legrado, que era mucho más dramático que agruparse para acompañar abortos por medicamentos, donde además está la familia y amigas. Existe un vínculo solidario que permite que sean mucho más seguros que los que se practican a nivel del sistema.

En un hospital puedes tener quizás la misma seguridad clínica que te puede dar este aborto feminista, pero el trato no es el mismo que cuando lo practicas acompañado de tus amigas y de feministas que entienden que tienes la libertad de decidir sobre tu cuerpo.

En este momento hay una carrera entre la humanización de los abortos dentro del sistema y lo que está haciendo el feminismo que apoya estos abortos, que no les llamo clandestinos, son abortos seguros.


Hay un tema sí, porque en Chile hay ciertos grupos que acompañan, pero que a mí juicio discriminan a las mujeres heterosexuales y no aceptan apoyar a quienes están acompañadas de un hombre. Para mí, eso es un irrespeto a los Derechos Humanos. Cuando estás en la posición de poder, de brindar el servicio y apoyo pero no aceptas hacerlo a ciertas mujeres creo que se discrimina y no se entiende un feminismo como debe ser: solidario, que postula a la igualdad y a la autonomía de los cuerpos.



¿Cómo ves un equilibrio entre garantizar salud a la población -y en particular a las mujeres- y al mismo tiempo terminar con la violencia machista que se ejerce en la salud pública y privada?


Es un desafío tremendo porque escapa incluso de las instituciones y es la cultura de la sociedad la que tiene que cambiar desde la infancia, necesitamos que en la educación parvularia exista una educación no sexista. Sin entender la autonomía, la libertad, el derecho a decidir, la diversidad, incluso la performatividad de los cuerpos para aceptarlos y pienso que será muy difícil esta forma de entender la salud de la que ustedes hablan.


Creo que en este Gobierno se tiene que aventajar lo más posible en educar, porque no sabemos qué gobierno nos tocará después También hay que enfrentar el cambio en las universidades, porque ahora hay ramos de género en algunas, se hacen talleres y protocolos pero son como un florerito para embellecer el ambiente y no implican un cambio de mirada.



¿Cuál y cómo crees que debe ser la legislación del aborto en Chile?


Debería ser cómo la de Colombia en este momento. Tan alegres que estábamos con la ley de Argentina, pero esa la supera. Las últimas disposiciones de aborto de la OMS son muy interesantes porque por primera vez dice que los plazos (para abortar) no han tenido ninguna razón de ser. Hoy decir “hagamos lo que dice la OMS” es un argumento que nos va a servir mucho más que decir “hagámoslo como Colombia”, y aunque es más o menos lo mismo, vamos a poder llegar con un respaldo mucho mayor que lo que teníamos hace uno o dos años atrás y ahí el aborto va a ser libre, legal, seguro y gratuito como hemos levantado la consigna.



¿Tienes algún libro que te parezca fundamental para pensar la intersección entre salud y feminismo?


Creo que ninguna feminista puede serlo sin haber leído a Marta Lamas, que ha escrito sobre derechos sexuales y reproductivos, aborto y ahora está escribiendo sobre justicia punitiva. Para qué decir los libros de Rita Segato, hay que leerlos todos. La contra pedagogía de la crueldad me pareció increíble.


Me salgo un poco de América Latina, pero María Ángeles Durán escribió en 1984 De Puertas Adentro, un libro sobre familia y economía publicado en España y que me nos abrió los ojos. Hoy en día Amaia Pérez Orozco, también española, y que escribió Subversión feminista en la economía que es realmente extraordinario.


Por último, para entender mejor la interseccionalidad y todo lo que son pueblos originarios está Silvia Rivera Cusicanqui y nos habla del Mundo Ch’ixi que es posible. Y bueno también las mujeres que escriben sobre interseccionalidad, desde las afrodescendientes norteamericanas de los 70-80 y que fueron seguidas de las chicanas y ahí tienen este libro maravilloso que es Esta Puente, Mi Espalda. Creo que también hay que leer poesía y literatura, como Apogeo de la Gioconda Belli que escribe sobre la menopausia y me parece extraordinario.





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